El clipper de lectura del programa de radio de la legendaria Revista Crisis, de hace un sábado, a cargo de Hernán Vanoli (que me acabó de enterar que está de paso por London) fue la primera vez que mi Historia A Contrapelo del Arte Argentino fue abordada por su contenido y no por lo que se dice que yo dije, en algún momento y en otro contexto cultural. Me atrevo a resumir esto como la primera vez que alguien con las categorías necesarias para hacer una crítica profesional, la hizo. Mi Historia a Contrapelo es mi primer libro y en tanto tal, fue un proyecto ambicioso, en un contexto intelectual en el que el sentido ha venido construyendose a través de argumentos parciales y gestos mediante esta institución tan Argentina que es el paper. Frente a esta coyuntura académica, decidí abordar la historia del arte argentina en su plural fragmentariedad pero asumiendo una posición identificable, la cual para ser tal tiene que ser definida y redefinida para no confundir al lector. Si mi libro tiene un enemigo son los esencialismos, incluso los esencialismos feministas y queer. Es así que en tanto argumento, se constituye de manera unitaria; evitando la autojustificación facilista de ser una mera nota al pie. Sin embargo, si hay algo que la Historia a Contrapelo da es una metodología para mirar a nuestro arte por fuera del prisma naturalizado por el patriarcalismo y elitismo vernáculo como la única mirada posible. 

 

Pero esto fue algo que pasó desapercibido por todas (y fueron muchas) referencias y artículos escritos en los medios sobre el mismo. En honor a la verdad, la otra que reseñaron el libro, en tanto tal, fueron Matilde Sanchez y March Mazzei de Clarín pero la charla fue tan cerca del escándalo que las ideas sobre arte argentino quedaron diluidas en la coyuntura generada por la miserabilidad del ataque y el titulo de la nota lo dijo todo: ‘Cañete vs Houston y Modales en el Blog’. En síntesis, la decisión de Vanoli de esperar el momento correcto para abordar mi libro es algo que agradezco porque supo ver, como nadie, que las condiciones para ese debate no estaban dadas. Condiciones que hoy, a solo dos años, ya se evidencian como patéticas o en sus propias palabras: ‘deleznables’. Pero al intentar, en el programa de radio, hacer esto, Vanoli mismo se enfrenta con la dificultad de ejercer discurso critico real. Veamos… 

Hay tres momentos en el que Historia a Contrapelo del Arte Argentino señala las condiciones de disciplinamiento de la cultura contemporánea y sus consecuencias específicas para el mundo del arte vernáculo. La ironía del caso es que fueron algunas de ellas las que lo convirtieron en un best-seller durante un par de semanas, algo inédito para un libro de historia del arte, no solo en la Argentina sino en el mundo. Esas condiciones si bien incrementaron mi popularidad y diluyeron la fantasía de la elite cultural ‘afectada’ de que yo soy un loquito resentido, hicieron algo dañino para el libro: neutralizaron su lectura y su crítica. Esto no debería sorprender ya que en su introducción, Historia a Contrapelo se adelanta en varios momentos a lo que pasaría conmigo, refiriéndose casi proféticamente a la estupidez de las cancelaciones en el mundo del arte y de la cultura como hechos fascistas. Asimismo, en el capítulo dedicado al feminismo, el libro pone en cuestión los esencialismos (tan de moda, por cierto) que no pueden advertir que las mujeres también pueden ser agentes del patriarcado. Pero es la combinación de estas secciones y el epílogo en el que me refiero a la crítica de arte presa entre la ignorancia y el filisteísmo, donde se pone en evidencia el embarrado perímetro en el que el libro permanecería durante el año siguiente. Realmente, me considero con suerte de contar con un lector que pueda ver más allá del escándalo y al hacerlo, como la princesa y el sapo, rompe el hechizo.  La intervención de Vanoli es importante en términos culturales no solo por decir que  ‘es un libro importante que todos deberían leer’ sino que performativamente en la radio logra mostrar la diferencia entre el debate cultural y el ruido, algo que en los últimos cincuenta años se llevó puesto todo.

Prueba de que el texto ya no es mucho sin lo performatico son los cinco primeros minutos en los que Vanoli tuvo que luchar en su propio territorio para imponer su autorizada palabra ya que, si se quiere el terrible costo de mi intervención en el mundo cultural argentino ha sido la folklorización consciente o inconsciente de filtrar todo lo que yo diga (en la Argentina) a través del filtro del escándalo o de la homofóbica figura de la ‘loca mala’.  En el programa de radio Vanoli (link al final de esta nota) no está en el estudio con Ximena Tordini, Natalia Gelón y Mario Santucho. Cuando le preguntan sobre qué libro quiere habla, Vanoli dice: ‘Hoy voy a hablar sobre un libro que tengo ganas de hablar hace bastante tiempo, es un libro que, en realidad, salió el año pasado y que lo publicó un crítico de arte, curador y bloguero, bastante polémico en lo que es el mundo del arte que se llama Rodrigo Cañete. Fue publicado por Editorial Sudamericana. Es un libro largo de 500 páginas con interlineado ajustadito y tiene una cosa muy linda que tiene que ver con la vocación crítica que muestra Cañete ya que, en el medio tiene un insert de papel ilustración con pinturas y analiza pinturas del siglo XIX a la autoridad y él remite a esas pinturas. El que el autor tenga la vocación de hacer un análisis pictórico de las pinturas es una virtud’. Y agrega: ‘Un breve antecedente de Cañete es que él tiene un blog. Allí hay todo un entre bambalinas del arte argentino. Él reside en Inglaterra y ha sido cruel en algunos de sus posteos. Tiene toda una comunidad de gente que le saca el cuero  a la oligarquía argentina’. En ese momento, Natalia interviene desde el estudio y pregunta cómo se llama el blog para inmediatamente pasar a contarnos que tiene una amiga historiadora del arte a la que le pregunto con un profesionalismo digno de la NY Review of Books: ‘Che, qué onda Cañete?’, aclarando como si esto fuera positivo que su amiga es investigadora del CONICET. Digo esto porque me atrevo a preguntar cuántos libros de historia del arte argentino o no argentino han sido publicados por investigadores del CONICET para presentar a esa nicho de endogamia, privilegio blanco y corrupción amiguista como fuente de autoridad? Por eso cuando el rumor, la acusación sin objeto especificado y la cultura de la política identitaria reemplazan al juzgado y a la evidencia se entra en el territorio del fascismo y es ese el momento tan querido por el neoliberalismo: el ruido se activa y el pensamiento critico recede. De algún modo, este intercambio, ya en el minuto 4:40 segundos lo encuentra a Vanoli en la bizarra posición de tener que justificar lo que, hasta este momento, nunca llega a enunciarse. Y la señorita dice: ‘Me decía como… (se ríe)… o sea, tenía sus reparos. El tema es… este… como el que vos decías que se pone siempre en un lugar en el que lo odias y a la vez, hay cosas que tiene razón… digamos’. A eso es lo que yo llamo: ruido. No queda clara su posición ni se sabe de qué se me acusa pero por las dudas lo embarra y, con mucha suerte, compra y lee el libro solo para confirmar si hay elementos en él que le permitan confirmar lo que ya sabe.  

El ruido ha sido el método de silenciamiento e invisibilización, por definición; en el caso argentino, de una oligarquía a un orden militar-peronista corporativista y endogámico que no ha sabido hacer otra cosa: autojustificarse y encerrarse sobre sí mismos evitando el dialogo. El modo de evitar el diálogo real es encerrando al pensamiento critico en esa cerca electrificada llamada academia (como tema de nerds que no saben nada de la vida) y descalificando a aquellos que dicen cosas que ellos consideran peligrosas para sus intereses a traves de agentes pagos que funcionan por rumor e injuria real para ponerse en evidencia cuando son lo suficiente tontos para suponer que el resto es tan ignorante como ellos. Desde ya no me estoy refiriendo a la colega de Vanoli (ya que no lo sé) sino por ejemplo a Liliana Viola, jefa de la neoliberal sección Queer de Pagina 12 donde los transexuales son santificados y la fotografía de los queers tiene la peor calidad posible. En la nota que me dedicó haciendo una comparación en su titulo con Truman Capote, cacarea con tono entre frívolo y lírico una serie de injuriosas pavadas como que yo hago ‘de la hermeneutica una busqueda de portadores de SIDA’,  cuando en realidad son los troll del gobierno que la financia a ella los que llenan de spam los comentarios de mi blog y me desean la muerte por SIDA a mí. Con eso solo, esa hija de mil putas debería haberse comido un juicio pero lo dejé pasar porque mi energía va en otra dirección. Pero lo peor que hace Viola en ese articulo es presuponer que ‘mi obra’ es el blog ignorando el libro,  mis clases online, mis clases en la Universidad, y mi trabajo de coaching con mas de cien artistas.  Liliana Viola es el ejemplo de como el Estado y el patriarcalismo operan para invisibilizar en nombre de los supuestos visualizadores. Ella encarna el fracaso del progresismo y su entrega en brazos al neoliberalismo mas abyecto. Para perpetuar ese estado de las cosas, se deja de argumentar para transformar al debate cultural en el diferimiento de algo que nunca se enuncia. Pero el caso del mundo del arte viene cruzado por la cuestión del mercado y esto fue fundamental para entender lo ofendida que estaba esa corporación llamada ‘sistema del arte’ con mis intervenciones insubordinadas. Por corporación, me refiero a las elite que, según Bourdieu, definen qué es arte y qué no o quien es una palabra autorizada y quien no. El lugar del CONICET en todo esto es ciertamente raro y, según entiendo, tiene que ver con mis críticas a la rosca como práctica de perpetuación. ¿Qué es el CONICET sino rosca? 

 

 

Pero volvamos a Vanoli y la muchacha en el estudio poniendo en cuestión su objeto de crítica seria antes de ser anunciada bajo el manto de sospecha tendido por una amiga que ni siquiera enuncia aquello de lo que me convierte a mí en un ser sospechoso. Qué diferencia hay entre eso y el ‘algo habrá hecho’ de la Dictadura? Pero a esta altura del programa ya no soy yo el puesto en cuestión en ese programa de radio en el que un critico intenta hacer una critica seri,  sino el mismísimo criterio de ese critico quien lo percibe rápidamente y decide que ese es el momento de mostrar músculo intelectual y convengamos que el músculo intelectual solo se muestra poniendo lo complicado sobre la mesa de la manera más clara posible. Fue así que, con claridad, Vanoli puso las cosas en su lugar y cartograficamente dijo: ‘De esos que vos decís, yo estoy entre los que no lo odian, o sea, creo que tiene razón pero bueno, hay mucha gente que no lo quiere. De hecho le entregaron un premio internacional muy importante y hubo una especie de lobby patético para que se lo sacaran por cosas que él decía en el blog lo que, para mí, es deleznable pero bueno, más allá de eso vayamos a lo que su libro dice’. 

Cuando mi amigo Julian Stallabrass publicó su libro contra los Young British Artists, todas las voces, supuestamente, autorizadas salieron a denostar el libro como ilegible. Lo que Julian hizo fue desarmar esa fantasia construida por galeristas y ferias de que estos artistas eran buenos. Igual que con mi libro, antes de su publicación, tanto , artistas como dealers, en muchos casos, pidieron aprobar el contenido de lo que se iba a decir y al ver que era crítico nos negaron el permiso de reproducción de las imágenes. Ese fue el caso de Paola Vega tras que yo ganara el mayor premio internacional por un ensayo que eleva a Omar Schiliro. Esto demuestra la vocación del control que el orden filisteo y comercial tiene sobre la libertad de pensamiento y el debate cultural en la Argentina y en el mundo. Voy a dedicar un proximo post a la lectura que hace Vanoli de mi libro ya que este post estuvo, mas bien dedicado, al hecho de que ni siquiera el pudiera usar el tiempo de manera productiva ya que el barro a poco de comenzar comenzaba a taparlo. 

continuará

 

LA CAÑECHAT Y PASTELA DE ESTA SEMANA SON IMPERDIBLES