Este blog viene llamando la atención a cierta actitud racista por parte de ciertos grupos ‘empoderados’ y, finalmente, di con una novela que, en realidad, no lo es porque es una suerte de racconto fragmentado y muy opaco de una relación abusiva entre lesbianas. El título del libro es ‘En la casa de los sueños’ y fue publicado por Anagrama. La historia está contada en primera persona y es la historia de una joven aspirante a escritora, Carmen Maria Machado que conoce a una chica menuda, rubia, de clase alta, licenciada en Harvard con la que inicia su primera relación lésbica, después de varias experiencias sexuales con hombres. La chica es dueña de una cabaña en Bloomington, Virginia: la casa de los sueños del título. Pero los sueños se convierten en ‘pesadillas’ cuando la novia de Machado empezó a mostrarse celosa, controladora y paranoica, para luego acusarla de engañarla con todo el mundo y acabar agrediéndola verbal e incluso físicamente.

Algo que hace este libro es vaciar a la spalabras de significado en el nombre del trauma. Una de las grandes preocupaciones de algunas feministas cuando se me canceló fue cómo supuestas estudiosas del activismo e incluso activistas como Andrea Giunta devaluaban palabras como abuso, transfobo, homófobo o misógino, aplicandolas a alguien que podian criticar pero sin mojar su arsenal entero. La falta de cálculo habla de una gran falta de inteligencia, por lo menos estratégica, por parte de las feministas CONICETeras y esa falta de inteligencia tiene que ver con la vagancia intelectual que deviene del privilegio, o sea, de tener la vaca atada. El tema del vocabulario y como este naturaliza la violencia contra las minorías sexuales fue un tema que preocupó desde siempre a Chilenos como Victor Hugo Robles, Pedro Lemebel o la fundadora del Archivo de la Memoria Trans en Argentina, Maria Belen Correa que, en nuestra entrevista que estoy publicando en este momento en este blog, no me dejó pasar ni una y todo con mucha razón. El problema con devaluar palabras asociadas con el activismo es como cuando uno grita ‘Incendio! Incendio!’ para asustar a sus amigos y de pronto, un día hay uno de verdad y nadie presta atención. La realidad es que la actitud de las sororas tuvo un costo y es que la tasa de femicidios en lugar de bajar, subió.

La prensa, sobretodo, norteamericana que, a esta altura, es un pais indudablemente pelotudizado se centró en lo particular de ser un testimonio de una relación tóxica, que en este caso no tiene como agresor a un varón heterosexual de mentalidad patriarcal y machista, sino a una lesbiana; yo diría, de mentalidad más patriarcal y machista que muchos varones. Es como si se hubieran fascinado con la denuncia de la violencia en la pareja dentro de la comunidad queer. Ahora bien, la escritora escribe en primera persona y describe a la supuesta abusadora que le causó tanto trauma de una manera bastante específica. En realidad habla en primera persona y de golpe pasa a la segunda persona para marcar los momentos del trauma. Esto es una acusación que nunca llega a efectivizarse. Al estar estructurado en capítulos fragmentarios como si fueran momentos del recuerdo del disparador del trauma, nunca se llega a saber cual es el problema. Lo que tengo que reconocerle a la Machado esta, es que con el final me hizo caer de culo.

Pero antes de llegar a eso hay una exploración literaria en la que manipula los generos, pasando la novela romántica, la erótica, la de iniciación, la de terror, lo cual le permite contar su historia y reflexionar a la vez sobre cómo contamos todos las nuestras. Pero el hecho de que ambas sean académicas agrega un elemento muy interesante que tiene que ver con el modo en el que el académico se cree relevante. La introducción es obscena al citar a Hartman y Muñoz pero sobre todo a la primera en su reconstrucción ficcional del archivo invisible de las mujeres negras recién liberadas que fueron a probar suerte a NYC a fines del siglo XIX. Cómo puede una mujer privilegiada blanca cuyo abuso es tan difuso que no amerita mayor consideración que la de la victimización permanente e indiscriminada, asociar ese ‘daño’ con el de las ex esclavas que ya no contaban ni con la protección de sus dueños.

Yo no podía dejar de pensar en la supuesta abusadora cuyo abuso nunca es claramente denunciado y su identidad es prácticamente revelada, por lo que este libro es a la cultura de la victimización y el ‘entitlement’, una suerte de manifiesto. Pero lo que me parece de tremenda relevancia es el hecho de que ambas sean académicas y que ella presente el libro con referencias inapropiadas en una obra de literatura o una autobiografía. El abuso de esas muy especificas referencias para posicionarse más cómodamente como víctima. Lo que hace esta mujer es presentar un marco teórico como arma y esto nos tiene que llevar a pensar el rol de la academia en este esquema porque la academia como los artistas, enuncian desde una posición de autoridad que en el caso de la primera es también de privilegio. Hay algo en el lenguaje academico y en el modo en el que se aisla al objeto de estudio que permite o, más bien, garantiza su homogeneización. Decimos demasiado las palabras ‘daño’ y ‘trauma’ hasta que llega un punto en el que se pierde su significado. Hay algo colonial en los académicos que creen que pueden hablar con autoridad de absolutamente todo. El título de aquella célebre muestra de arte conceptual sería muy adecuado para esto: ‘Cuando la actitud se hace forma’.
Conozco muchos casos de relaciones como la de Machado y su abusadora y todo depende de tantas cuestiones. ¿Qué pasa con la cuestión de clase en este libro? La perpetradora siempre es descrita como rica y desvinculada de la realidad como si todos los elementos convergen casi artificialmente en un eje del Mal. Digo esto porque la operación que se está haciendo en este libro es homogeneizar la experiencia del trauma y muchas veces, el trauma es una fuente de placer, no solo de sufrimiento. Pero al asociar su trauma con el de la esclavitud al poner en la introduccion a Hartman, la cuestion es como se enmarca ella misma.
Pero pasemos al final porque es como el film Adios Roberto con Carlin Calvo pero mucho peor. Cuando Machado comienza la relación, su novia estaba con otra que tenia dos hijos. Es decir, la pareja era lo mas parecido al normal heterosexual. Pero cuando la abandona, Machado la deja precisamente por su ex generando un circulo de venganza perverso pero lo que es peor, haciendo que la conclusion del libro es que el unico modo cuerdo de vivir siendo homosexual es en pareja y con hijos. Todo termina con un monumento al matrimonio igualitario y la unica alternativa es la locura o el crimen.

La nueva Cañechat es con un verdadero modelo queer: Maria Belén Correa.