The Rise and Fall
of the Neoliberal Order:
America and the World
in the Free Market Era

by Gary Gerstle.
Oxford University Press,


Acabo de leer un libro que aparece en un momento especial y necesario: el titulo es ‘Ascensoy caída del Orden Neoliberal, y lo escribió Gary Gerstle. Tras la presidencia de Jimmy Carter, hubo una sucesión de presidentes demócratas se sumaron a la obsesión republicana de alejarse del New Deal y el modelo de capitalismo regulado hacia lo que hoy conocemos como neoliberalismo. El credo neoliberal afirma que los mercados funcionan de manera eficiente y que el gobierno intenta restringirlos a través de la regulación y el gasto público lo que, según el mencionado credo, invariablemente fracasa y es contraproducente por estar plagado de corrupcion. Como política pública, el neoliberalismo se ha basado en la desregulación, la privatización, el debilitamiento de los sindicatos, los impuestos menos progresivos y las nuevas normas comerciales para reducir la capacidad de los estados nacionales de regular al capitalismo. Estos cambios han dado lugar a un aumento de la desigualdad, una disminución de la seguridad económica y una reducción de la confianza en la capacidad del gobierno para ayudar a sus ciudadanos.

La aceptación republicana de esta doctrina no debería sorprender. Si tenemos en cuenta las lecciones aprendidas respecto de la necesidad de que el Estado intervenga; tal y como ha sido el caso  tras el colapso del mercado de valores de 1929 y el éxito de la administración Roosevelt como modelo para el Partido Demócrata, el atractivo del neoliberalismo para muchos demócratas es un enigma que vale la pena explorar por el modo en el que afectó al mundo.

El término “neoliberalismo” en sí mismo es confuso, porque durante al menos un siglo “liberalismo”, al menos en los Estados Unidos, significó ‘izquierda moderada’ y no, como hoy, ‘derecha de libre mercado’. El neoliberalismo en su sentido económico actual se basa en el significado más antiguo de la idea de liberalismo, que todavía es común en Europa y que sostiene que los mercados libres son el resultado de una sociedad libre y democrática. Esa fue la afirmación de liberales clásicos como Adam Smith y Thomas Jefferson.

Solo en el siglo XX, después de que los excesos del capitalismo se hicieron evidentes, los liberales modernos comenzaron a apoyar las intervenciones gubernamentales: el uso de “medios hamiltonianos” para llevar a cabo los “fines jeffersonianos” necesarios. Este punto de vista definió la ideología de las dos presidencias de Roosevelt y tuvo el sustento teórico económico de John Maynard Keynes. En Gran Bretaña, la contraparte en la misma época fue el “liberalismo radical” de la reforma social presentado por el primer ministro liberal David Lloyd George.

Pero el concepto de neoliberalismo deviene confuso en la acepción cultural en la que la izquierda lo usa como una descomposición polivalente del conservadurismo, hasta el punto de que uno podría preguntarse si es solo una palabra de moda que a esta altura, en tanto palabra, comienza a molestar. Pero el neoliberalismo tiene un significado preciso y útil, como una reversión a las verdades de la economía clásica, con el gobierno como guardián de los mercados no regulados.

En su nuevo libro, The Rise and Fall of the Neoliberal Order, Gary Gerstle, un historiador estadounidense que ha  enido enseñando en el Sidney Sussex College de Cambridge desde 2014, argumenta que el neoliberalismo no es otra cosa que un “orden político”, definido a traves de un set de ideas políticamente hegemónicas.”Un atributo clave del orden político es la capacidad del partido ideológicamente dominante de doblegar al partido de la oposición a su voluntad”, dice. “Así, el Partido Republicano de Dwight D. Eisenhower accedió a los principios básicos del orden del New Deal”, al igual que “el Partido Demócrata de Bill Clinton aceptó los principios centrales del orden neoliberal en la década de 1990”. La lente de Gerstle nos ayuda a apreciar el poder autolegitimante del neoliberalismo. A medida que el gobierno se convirtió en una fuente menos confiable de seguridad económica, se hizo sentir a las personas que estaban solas y desprotegidas, internalizando una visión individualista que reemplazó el espíritu colectivista que subyace a la noción de ciudadano y sociedad.


Lo que diferencia al neoliberalismo del ideal más antiguo de laissez-faire es el convencimiento de que el libre mercado no 
aparecerá si el gobierno no lo promueve. La perspectiva neoliberal, articulada por primera vez en la década de 1930 por el economista austriaco Friedrich Hayek y por Henry Simons, ambos de la Universidad de Chicago, sostiene que si queremos que los empresarios, financieros y ciudadanos comunes sean liberados de la regulación estatal, las leyes y el gobierno debe proteger al mercado cortandose sus propios brazos. Milton Friedman, en un ensayo de 1951 titulado “El neoliberalismo y sus perspectivas”, estuvo de acuerdo en que este proyecto iba mucho más allá del laissez-faire. Gerstle escribe: “Esta estrategia se basó en una paradoja: a saber, que la intervención del gobierno era necesaria para liberar a las personas de las invasiones del gobierno”. El historiador Quinn Slobodian, en su autorizada historia intelectual del neoliberalismo titulada Globalists (2018), va aún más allá: “El proyecto neoliberal se centró en diseñar instituciones, no para liberar los mercados, sino para encerrarlos, para inocular al capitalismo contra la amenaza de la democracia”.

Los teóricos de izquierda habían ponderado durante mucho tiempo el papel del Estado en la definición del mercado. Como escribió Karl Polanyi, disfrutando de la paradoja del “laissezfaire planificado”. Y, de hecho, lo fue. Para funcionar el libre mercado necesita un alto grado de regulación en el que la propiedad en sí, los términos del crédito y la deuda, los contratos, las corporaciones, la quiebra, los derechos y las obligaciones laborales sean especificados. La diferencia entre el New Deal o visión socialdemócrata de los mercados y el ideal neoliberal es que los progresistas quieren que las reglas del gobierno actúen como contrapesos democráticos frente a los abusos del capitalismo, mientras que los neoliberales quieren que se protejan las libertades del mercado. Pero ambos aceptan que el capitalismo requiere reglas y esto es fundamental.

Como remanente disidente de la economía prekeynesiana, el neoliberalismo languideció hasta que el modelo del New Deal comenzó a desaparecer en la década de 1970 en medio de una extraña combinación de inflación y estancamiento. Los liberales económicos clásicos como Friedman, que habían sido marginales en la esfera política pasaron a tener audiencia. Carter, menos liberal que Roosevelt, tuvo  que hacer frente a las consecuencias de las políticas estanflacionarias, esperando que la desregulación y la competencia en el mercado pudieran restringir los precios. Esa reducción de la intervención del gobierno fue celebrada por las élites empresariales que adquirieron aun mas poder durante la presidencia de Reagan. El neoliberalismo se convirtió, así, en el pilar ideológico del implacable abandono del modelo regulado de capitalismo.

En su libro, Gerstle explica cómo la izquierda (cultural) se fascinó también con ciertos aspectos libertarios y antiburocráticos del neoliberalismo, debilitandose. En las guerras culturales de la década de 1960, la Nueva Izquierda rechazó el liberalismo corporativo de la guerra fría y la idea de gobierno total que, supuestamente, atenta contra la “democracia participativa”. Esto constituyó un desafío a las instituciones públicas. “Tanto la izquierda como la derecha, en susreencarnaciones, compartían la convicción”, dice Gerstle, de que el sistema burocratizado “estaba asfixiando al espíritu humano”. Unos años más tarde, Ralph Nader dijo que los organismos de regulación estaban siendo capturados por las industrias que debían regular, lo que acabó persuadiendo a Carter de que el remedio era la desregulación.

Para Isaiah Berlin, la gente necesita derechos positivos y negativos. La libertad de obtener una educación o recibir atención médica independientemente de los ingresos debe existir en el ámbito de la ciudadanía. Estas son libertades que los mercados no proporcionan y que los defensores del neoliberalismo deciden ignorar . Cuando el dictador Augusto Pinochet necesitó asesoramiento sobre la privatización y la regulación de la economía chilena, recurrió a “los Chicago Boys”, que le ayudaron a reducir un estado,cuya razon de ser era el totalitarismo. Irónicamente, el neoliberalismo socava al liberalismo en su acepción más antigua basada en la defensa de las  libertades humanas durante la Ilustración.

El neoliberalismo no solo protege el mercado del estado regulador; sino que expande los principios del mercado a ámbitos considerados como sociales. Mientras Polanyi, por ejemplo, advertía sobre la tendencia a la  “comodificacion” de las relaciones sociales, los teóricos neoliberales transformaron necesidad en virtud, diciendo que el mercado se pueden usar de manera eficiente para valorizar todo, desde la vida humana hasta el medio ambiente, a través de la ‘sana’ competencia.

Desde el punto de vista neoliberal, el trabajo es “capital humano”, un concepto de Gary Becker, colega de Friedman en la Universidad de Chicago. Según Becker, los mercados pagan a los trabajadores exactamente lo que se merecen, aunque en algunos casos los salarios son insuficientes para mantener una vida digna. Para el, la rapacidad y usura del multimillonarios rapaces está justificada y se merecen sus ganancias según el axioma de que los mercados son eficientes cuando están protegidos de la interferencia del gobierno.

En ausencia de contrapesos como regulación gubernamental y sindicatos fuertes, este proceso se profundizó en el tiempo. Dado que la mano de obra no es otra cosa que una mercancía más, la producción se puede mudar a países donde es más barata. Más recientemente, avances tecnológicos de plataformas de viajes compartidos como Uber y sitios de licitación de changas temporarias como TaskRabbit hicieros que los trabajadores compitan entre sí como proveedores en un mercado abierto mientras son monitoreados minuto a minuto. Este era el tipo”mercado puro al contado” del que nos advertía Karl Marx.

Los teóricos neoliberales dicen que las corporaciones, no tienen ninguna responsabilidad para con las comunidades o los empleados, sino con los accionistas.Para ellos, la educación pública no es un bien público, sino otro mercado como los vouchers, que dan a las familias pobres para pagar la matrícula en la escuela de su elección. En la atención médica, se considera erróneamente que se achican los costos con el uso de incentivos de mercado y proveedores con fines de lucro y tambien que los ingresos de jubilación son mejor custodiados por las cuentas privadas que por la seguridad social pública. Los objetivos ambientales deben alcanzarse con medidas de mercado, como subastar el derecho a contaminar. Las tasas impositivas deben ser bajas y coherentes en todos los niveles de ingresos, en lugar de redistributivas. La aplicación de la legislación antimonopolio es gratuita e incluso perversa, porque los mercados se vigilan a sí mismos a través de la oferta y la demanda. En síntesis, el papel del gobierno debe reducirse en gran medida a mantener la seguridad física y proteger a los mercados de la interferencia del Estado. El ideal social ya no es agora ateniense sino The Nightwatch de Rembrandt.

 

Si tenemos en cuenta que estas han sido las creencias detrás de las políticas de las últimas cuatro décadas. ¿Fue un éxito o un fracaso? Eso depende de quién seas. Para las élites económicas y el Partido Republicano, ha sido un éxito rotundo. Para el Partido Demócrata, el orden neoliberal ha sido una catástrofe, acabando con el ideal progresistas de que el gobierno está al servicio de la gente. Es en este punto donde los extremos se tocan en la terrible historia reciente Argentina de los últimos 30 años con el legado funesto del Kirchnerismo al devenir un patético Leviathan que acabó confirmando todos los miedos instalados por el neoliberalismo, haciendolos realidad y dando por tierra con la esperamza progresista.

Aunque el libro de Gerstle ofrece muchas ideas, algunas de sus hipótesis son desconcertantes. La mitad del libro es historia política e incluye secciones sobre el New Deal, la presidencia de Eisenhower y cómo Lyndon Johnson dejó  de lado la política interna empeñado en la ruinosa guerra de Vietnam. Algo parecido ocurrió con Clinton, Obama y Trump pero a la inversa. Pero en el libro ocupa muy poco espacio los orígenes intelectuales del neoliberalismo y su desarrollo ideológico a partir de la década de 1930. Estos pasajes son perfectos como resúmenes, pero insuficientes dado el amplio tema del libro. Para los lectores que quieran profundizar, Slobodian’s Globalists es el compañero ideal.

Otro problema de este valioso libro es que Gerstle exagera el rol del comunismo como factor del ascenso y la caída del orden iniciado en el New Deal y luego del orden neoliberal. Sostiene que “el miedo al comunismo hizo posible el compromiso de clase entre el capital y el trabajo que se había suscrito en torno del New Deal”. Eso es exagerado. El New Deal intentó superar la Gran Depresión. En relación a eso, el comunismo soviético era una amenaza remota, y parte de la organización sindical que hizo posible lo que más tarde podría caracterizarse como un compromiso de clase se forjó como iniciativa del socialismo y no del comunismo.

Gerstle también pone “la caída del comunismo en el centro de la historia del ascenso del neoliberalismo”, pero el momento no es el adecuado. El neoliberalismo era ascendente mucho antes que 1989, y la adopción por parte de Clinton de ideas y políticas neoliberales reflejaba casi en su totalidad factores internos. El colapso del comunismo le puso el clavo al ataúd reforzando la idea de que solo había una ideología global reinante: el capitalismo. Sin embargo han habido diferentes marcas de capitalismo: el socialdemócrata, el neoliberal y últimamente el cleptocrático, lo que nuevamente nos trae a nuestro pais y a la alianza entre Macri y Cristina, ahora disputada desde adentro por Massa y ahora, Alberto Fernández.

Un problema más grave es la falta de atención del libro a la globalización como vector del neoliberalismo. Gerstle trata al tema solo de pasada y no en profundidad. La era que va de Roosevelt a Reagan fue una en la que el capitalismo era sustancialmente nacional. Este fue un legado deliberado del sistema de Bretton Woods, que se estableció en 1944 y preveía tipos de cambio fijos y controles sobre el movimiento de capital privado. Esas reglas hicieron más factible regular el capitalismo, tanto política como estructuralmente, porque los capitalistas no podían identificarse con el estado-nación al que combatían mediante evasión fiscal o acuerdos comerciales que socavaron la regulación. El capitalismo nacional también se hizo permeable al sindicalismo porque podía crear derechos de negociación colectiva exigibles y renovar su dirigencia para devenir en países cleptócratas como el nuestro, el poder de la familia Moyano y la nueva élite.



INTELIGENTSIA COMUNISTA DE ESTA SEMANA PRESENTA LA SEGUNDA PARTE DE LA CHARLA CON LA HEREDERA DE LA NACION

ESTA ES LA RESEÑA DE LA REVISTA.CRISIS A MI ‘HISTORIA A CONTRAPELO DEL ARTE ARGENTINO’.

LA ÚLTIMA CAÑECHAT ES MI CHARLA CON BOSCO Y JOJO DE KIM Y NOVAK TRAS LA PRESENTACION DE SU DOCUMENTAL

LA ÚLTIMA CAÑECHAT ES LA SEGUNDA PARTE DE LA TRILOGÍA DECOLINIZADORA DE LEMEBEL CON UN OSCAR CONTARDO LLENO DE DATOS PERO CON UN LIBRO QUE RESULTARÁ FALLIDO