Esta es mi reseña de esa deliciosa arma de doble filo que es la colaboración entre Beyonce y Madonna del mix del primer corte del nuevo album de la Knowles. Me refiero a You Don’t Break My Soul que es mezclado con Vogue de Madonna. Me encuentro dando un curso sobre mi pintor favorito de quien escribiré un libro en algún momento y hay una pintura que nos sirve como una metodología para aproximarnos a lo que hay en juego en el remix en cuestion. Diego Velazquez, quien es una figura clave en el Siglo de Oro Español pintó Las Hilanderas, ese túnel compositivo y literalmente visionario que solía usar fue transformado en un homenaje a su jefe y a sus colegas que podía ser usado de manera polivalente y en varias direcciones. Primero, como oximorónico reconocimiento público de su propia modestia en tanto afirmación de superioridad, en tiempos de obsesión española por la pureza racial. Por paradójico que parezca -y precisamente en la paradoja estaba la eficacia de un tipo de modestia que implicaba su opuesto- esto le abrio una oportunidad que con ingenio aprovechó. En Las Hilanderas (1657, Museo del Prado), Diego Velazquez hace algo análogo pero por inversión a lo que hace Beyonce con Madonna. Diciendolo sin decir, la eleva para jubilarla y devaluar su legado queer en un reclamo problemático de ese aspecto tan cercano a la identidad como icono pop de esta última en un contexto, como el de la cultura afro-americana en el que la homofobia avasallante por fuerza y mandato divino. En los versos de Beyonce hay algo evangelico que recuerda a Martin Luther King pero tambien a los mas integrista del evangelismo actual que esta vinculado con el gospel como vemos en Kanye West y esa suerte de misa en el avión y en su mesianico último libro.

 

 

El lugar protagónico en Las Hilanderas está reservado para los cuerpos de mujeres trabajadoras y despreocupadas por la erudición y socialidad de corte. Pero Velazquez, como quien no quiere la cosa, se alinea con dos artistas que son aludidos de atrás para adelante, en los diferentes planos de la pintura. Esta sucesión de imágenes recuerda la estructura y composición de las pinturas de mercado de Pieter Aertsen le permite colocarse con elegancia y sin demasiada estridencia en el canon de artistas de corte Habsburgo, definitorios del canon universal. Primero Tiziano para Carlos V (el tapiz del fondo es una copia de El rapto de Europa del Veneciano), luego Rubens para Felipe III (además de hacer una copia de la obra de Tiziano para sorprender a Felipe IV, el flamenco participó en la decoración de la Torre de la Parada con diferentes pinturas, entre ellas, la que se esta representando como si fuera un ensayo para una obra de teatro de corte en el escenario del fondo). La relación entre las tres está dada por el mito de Aracne que es condenada por Pallas Athenea a tejer por la eternidad por desafiarla y para colmo, atreverse a representar el momento de la violacion de Europa que, dicho sea de paso, está vinculado con el lugar desde el cual estoy escribiendo esto que no es lejos de donde Zeus trajo a Creta para violarla y concebir al mítico rey cretense Minos. Finalmente Velazquez se inserta en esta tradición definiéndose como pintor de un rey que entiende la pobreza del pueblo y establece un pacto etico y estetico con ellos, a través de su simplicidad y modestia.

Analizar esta colaboración de Beyonce con Madonna no puede quedarse en el reconocimiento de la Princesa a la Reina como Reina, tal y como sugiere su título : ‘The Queens Remix’. Lo de Beyonce es, básicamente, un diálogo con el fantasma en efigie de Madonna quien no esta presente sino que es reducida a un eco del pasado y de facto retirada, aunque que, con halagos, por una Beyonce que la transforma en jubilada al referirse a ella como Queen Mother. La diferencia entre una Queen Mother y una Queen es que la primera no reina. En el mejor de los casos da consejos.

 

 

También sería muy fácil elevar a Beyonce a ese plano de diosa de Ebano que, ademas, siendo negra, tiene el mandato y obligación de decir todo lo que hay que decir en tiempos de culpa blanca por las atrocidades cometidas durante la modernidad llegando a la segunda mitad del siglo XX, cuando se usa la corrección política para que el blanco ni siquiera tenga que pedir disculpas tapandolo con más reclamo de superioridad moral. Pero con Beyonce no es tan fácil por dos razones que voy a simplificar brutalmente. La primera es que su lugar en el movimiento negro dista mucho de ser radical. Es más bien conservador a pesar de su aparente espíritu combativo. Lejos de reclamar identidad queer, Beyonce se construye a sí misma como una matriarca heteropatriarcal afro-america cuya autoridad moral radica en que habla en nombre de su familia al punto de aguantar las infidelidades de su esposo a pesar de sus millones que son su otra fuente de autoridad moral. Beyonce tiene estructura y opciones que la diferencian de esas mujeres aun encadenadas. Con reservas, el modelo de maternidad de Madonna es mucho más queer porque tiene hijos multiétnicos de diferentes maridos a los que usó como sementales y descarto. Luego decidió presentar la adopción de chicos pobres africanos en una performance de maternidad post-colonial en tiempos de multiculturalismo. Es por ello que ella hace una performance descolonizadora, dejando mas que claro que son para ella tan o mas importantes sus hjijos negros que sus hijos biologicos, al punto de mudarse a Portugal para estar cerca de su hijo futbolista. Podría decirse, sin embargo, que su única relación no utilitaria fue la que tuvo con Guy Ritchie, tal vez porque este proviene de una familia blanca directamente emparentada con la expansion del imperio britanico. Políticamente, tanto Madonna como Beyonce caen en la trampa del trágico bipartidismo norteamericano y hasta podría decirse que el altísimo perfil de esta última durante la campaña de Hillary contribuyó a su derrota. Beyonce nunca da un paso por fuera de la defensa del liberalismo y la libertad cultural, a diferencia por ejemplo de Chaldish Gambino que se la viene jugando. En Beyonce, estas referencias a la materialidad cotidiano de ser negro en una sociedad armada como la norteamericana es muy ambigua, hablando de no abrir la boca para sobrevivir (Floyd como contraejemplo) y reemplazando al panteon blanco de Madonna del Betty Davis, “We Love You” al final de su Vogue por uno negro en donde el espiritu de aquellas primeras militantes como Nina Simone o Grace Jones se va disolviendo hasta la farsa de una comparsa de ricas liderada por Michelle Obama en la que las referencias son a Isaac Mizrahi, Terry Mugler y Balenciaga:

Queen mother Madonna, Aaliyah (strike a post, vogue, you know you can do it), Rosetta Tharpe, Santigold (vogue),
Bessie Smith, Nina Simone (vogue), Betty Davis, Solange Knowles, Badu, Lizzo, Kelly Rowl’, Lauryn Hill, Roberta Flack, Toni, Janet, Tierra Whack (let your body move to the music), Missy, Diana, Grace Jones, Aretha, Anita, Grace Jones (hey, hey, hey), Helen Folasade Adu, Jilly from Philly, I love you boo

Ah, mother of the house, ah. Michelle, Chloe, Halle, Aaliyah (la, la, la, la, la mother of the house), Alicia, Whitney, Riri, Nicki la, la, la, la, la, House of Xtravaganza), House of Revlon, House of LaBeija, House of Amazon, The House of Aviance, the House of Balmain (go with the flow), The House of Ninja (you know you can do it), The House of Lanvin, House of Telfar, House of Ladosha, House of Mugler (go with the flow, you), The House of Balenciaga, the House of Mizrahi (go with the flow), Hehehe (you know you can do it), La-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la-la, Oh, oh, oh yeah (you know you can do it).

Al decir esto, Beyonce mezcla el registro de Madonna en su enunciación de un canon modernista filo lésbico Hollywoodense, con otro que, según la negra, remite al Vogueing original convertido en territorio extractivo capitalista por Madonna. Sin embargo, sus alusiones no son historicistas o de archivo sino mediadas por la proyección fantasmática en la pantalla de FX de la serie de Pose, de Brian Murphy. La impronta higienizante enmascarada de activista de Murphy es la que yo veo, desde comienzos del blog, en alguien como Mariano Lopez Seoane que por la razón que fuere no percibe que la evidencia de la energía puesta en ser una musculoca se da de frente con cualquier intento de emancipación como utopia. Esto queda clarísimo en la introducción a su traducción del libro del puertorriqueno Jose Esteban Munoz que hizo olas en el mundo academico del Norte Global al analizar entre otras cosas al Vogueing no solo como la visibilización melancolica del dolor y el trauma transgeneracional sino como apuesta a un futuro queer. Y el tema queer es uno en el que si Madonna presenta huecos, en el caso de Beyoncey su matriarcalismo neo-primitivista parece un chiste.

Las credenciales de Madonna como icono del mundo gay son evidentes y marcaron mi vida pero precisamente porque reclaman un lugar para el gay en el mundo de la eficiencia, el exito y la diversión pero siempre higiénica. Madonna, como dicen los personajes que hacen el Vogueing en Pose, le dio visibilidad a la musica de esos gays marginales y pobres pero de un modo extractivo e infantilizante. En el contra-documental Strike a Pose hecho hace un par de anos, algunos de los bailarines manifestaban su frustración y bronca por el modo en el que la superestrella los uso y descarto en su seminal Truth or Dare, al punto de inventar narrativas personales e imponerlas de prepo en cámara o sacarlos del closet cuando ello era aun peligroso. Sobretodo, cuando las condiciones de trabajo con ella están tan flexibilizadas y no se les garantiza permanencia laboral. Para avanzar con su agenda politica que, en realidad, escondia una estrategia comercial de posicionamiento personal en el nicho del mercado gay, Madonna uso a los negros como esclavos infantilizandolos en publico. En el caso de Beyonce, el lugar de los queers es aun menor y ni entran ni importan ya que entre el futuro de nuestros hijos y el mercado como lugar natural de la libertad de los cuerpos a través de la moda, todo el resto es presentado como autodestruccion y hedonismo.

Es por todo lo antedicho que el modo en el que Beyonce pretende rescatar de las manos de Madonna no solo el título de Reina del Pop sino de Reina Queer amerita una reflexión algo más profunda que la que reduce todo a chupamedias entre divas. Madonna inaugura su carrera como icono gay global con el que posiblemente fue el tema más importante de su carrera. Vogue fue incluida en la banda sonora del film que hizo bajo la dirección de Warren Beatty con música, ni más ni menos que de Stephen Sondheim quien compone para ella Sooner or Later. Es difícil pensar mi vida o la de los gays de mi generación sin Vogue de Madonna que, hasta me atrevería a decir que tuvo, una influencia decisiva en nuestra postura física. Nos ayudaba a pararnos firmes durante los 1990s cuando ser gay, al fin y al cabo, era una vergüenza por haber traído la ira de Dios. Sin embargo, hacia adentro del movimiento gay norteamericano esa apropiación tiene ecos en análogas operaciones que van en dos direcciones. La primera es la de Brian Murphy como mega productor gay normalizado hollywoodense en la era Netflix con productos como Pose, donde le da a la apropiación hecha por Madonna del Vogueing negro neoyorkino el beneficio de la visibilidad que le permitio una visibilidad que le permitiría a la comunidad gay negra de Nueva York desplazada historicamente, primero del Sur del pais tras la abolicion de la esclavitud y su consecuente llegada a Nueva York en condiciones, tal vez, más inhumanas (qué decir de las mujeres negras?) para nuevamente ser desplazados con el avance de la gentrificación.

En el mundo gay, el Vogueing aparece como un modo de decir sin decir, o mostrar con la danza el desgarramiento de un cuerpo famélico negro y, por lo tanto, obsceno. Un cuero al que la sociedad prefiere no mirar y que fracasa en el mandato neoliberal de musculos, salud y performance en tiempos de SIDA vinculando, en el movimiento efimero de un cuerpo que no deja huellas que puedan ser luego usadas en su contra, con los desmembramientos y torturas sufridas durante siglos de esclavitud. Es por esto que el Vogue nada tiene que ver, en sus principios, con el armado de un marco con los brazos del bailarin colocados en angulos rectos alrededor del rostro como preparandose para el click del retrato de modas sino que es una codificacion de la tortura esclavista para indicar nuevos y sutiles modos de tortura -el de la invisibilizacion, por ejemplo- en tiempos de SIDA o lo que intento hacer Liliana Viola, la editora del Suplemento SOY, el pasquin “queer” de Pagina 12 en tiempos de Prep

EL PODCAST “INTELIGENTSIA COMUNISTA” DE ESTA SEMANA ES LA SEGUNDA PARTE DE LA CHARLA CON ESME MITRE Y ES PARA ALQUILAR BALCONES