Estamos en un momento de inflexión en los modos en los que el pensamiento crítico deviene una intervencion posible que permita el cambio social. Desde los ochentas, el posmodernismo ha aterrizado desde el Norte Global como teoria madre del pensamiento progresista impartido, por ejemplo, desde la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Pasados cuarenta años, su legado no ha sido lo efectivo que pueda suponerse a primera vista, si se tiene en cuenta que Sergio Massa es el Ministro de Economía de un gobierno, supuestamente, nacional y popular, imbuido desde su génesis por teorías de lo social como la de Ernesto Laclau impartidas no solo desde las nuevas universidades del conurbano y la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA sino tambien desde el centro mismo del poder en la Casa Rosada. Si bien estas teorias postulan que los margenes son espacios de emancipación, lo que se dice con la pluma se borra con el codo al erigirse torres de marfil blancas de clase media ilustrada cuyo futuro esta garantizado por padres profesionales con propiedades a tiro de transporte publico de mediana distancia. Desde la transicion democrática, esa clase media, de la mano de una dirigencia formada en los colegios secundarios universitarios se convirtio en una elite que uso al pensamiento crítico como arma para consolidar una red de burocracias, clientelismos, informantes nativos estrategicamente colocados en los departamentos de estudios latinoamericanos de universidades del mundo anglosajon y distribuciones de honores en donde la preocupacion es mas la de reforzar la identidad de grupo, mantener el carguito y hacer carrera que intervenir en el espacio público para que el cambio social sea material y no solo retórico. Es por esto que si bien el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires a Nelly Richard es merecido, el trago es un tanto amargo siendo la Señora en cuestión, una de las responsables intelectuales de la importacion de marcos teoricos posestructuralistas que fueron, inmediatamente, puestos en circulación, me atrevo a decir poco reflexivamente, por y dentro de una elite que no hizo otra cosa que abrir un abismo entre la materialidad del cambio social y la inmaterialidad de la teoría crítica como ejercicio retórico -semiótico. Así, la teoría fue importada para ser utilizada ya no como marco teórico de intervenciones críticas sino como acción política desde una esfera estética y un mundo del arte que emergieron con reclamos de ocupar un espacio que nunca podian realmente ocupar por mérito propio. Para mi, es ese el momento en el que el pensamiento crítico queda preso de un juego de espejos en donde la élite cultural y la academia anglosajona transforman a la cultura latinoamericana (aunque sea solo del Cono Sur) en un perro que se muerde la cola. Y digo que hay una cola que ha venido siendo mordida porque el debate intelectual queda perdido entre halagos impartidos, principalmente, entre referentes feministas como Andrea Giunta y Richard misma (e incluyo aquellos que por su propia homofobia internalizada ni siquiera se atreven a llamarse queer como Ticio Escobar, por qué no) que construyeron carrera, siempre con la mirada puesta en las academias norteamericana y francesa, adjudicándose la representación de las minorías y transformando lo enunciativo en praxis, como si esto ocurriera por obra y gracia divina.

En sociedades represivas como las nuestras algo debe quedar claro y es que tras la dictadura militar, vinieron otras dictaduras. Pedro Lemebel hablaba de la dictadura del mercado y yo agregaría la del clientelismo a sueldo de los sectores universitario y cultural en un contexto de cleptocracia, de bandas que funcionan como mafias. En su hipérbole sicofante, esto se vio en el acto de entrega del mencionado honor a la Doctora Richard que no puede sino ser calificado como un ejercicio de laudatio autoritaria. 

Sin embargo, cuando la elite cultural porteña va por algo, realmente, se convence de que hay que ir por todo y Nelly Richard no solo se le dio el titulo en cuestión sino que se la convirtió en una confusa Juana de Arco regional quien, digámoslo con todas las letras, no hizo mucho más que canonizar el ejercicio de cierto “abajismo“ socio-cultural en sus intervenciones critico políticas con el C.A.D.A, por ejemplo, en el marco de la Escena de Avanzada, en tanto, capítulo sudamericano de la Neo Vanguardia norteamericana que, por venir de ese pais, contaba no solo con el apoyo de este grupos de blancos “progres” sino con el beneplácito del mismisimo General Augusto Pinochet. Como dijo ella misma en su “clase magistral” al recibir el doctorado en cuestión, el pensamiento feminista tiene que ser situado y fue precisamente eso lo que hizo que Roberto Bolaño en Nocturno de Chile postulara, en tono de parodia para hacerlo más digerible, la brutal realidad de una élite cultural complice con el Pinochetismo y violenta con aquellos que no pertenecen a ella. Ha sido esta elite blanca la que ha venido manipulando las políticas de identidad y los discursos de la Nueva Izquierda a través de “frameworks” provistos por las ciencias sociales y los nuevos medios artísticos (que en la Argentina nunca parecieron salir del todo de la decimonónica definición de las Bellas Artes). Así, discretamente, gobierno tras gobierno, de un lado y del otro de la cordillera, el mundo del arte y la cultura fueron reducidos a depósitos de obsecuentes a sueldo, poniendo a gran parte de la academia en un lacayo al servicio del relato oficial. Su fin, no fue otro que imponer una historia alternativa con heroínas blancas, de clase media y media alta urbana como baluartes del derecho a la diferencia permitiéndoles el monopolio de la memoria colectiva lo que va desde Hebe de Bonafini, las Abuelas hasta Nelly Richard y la mar en coche. Lo que le adjudico a Richard, para decirlo mas llanamente, es haber sido participe en la instalación de una sociedad  tampoco es ajeno a ese proceso, un proceso que acabo instalando en la que el disenso es moralizado y lo politico se reduce a frases de moda en los hubs academicos mundiales.  

La pregunta de si es correcto o no otorgar dicho honor a Nelly Richard está fuera de duda. Es un honor más que merecido que, de todos modos, debe ser situado racialmente y a traves de la variable de clase, a golpe de abajismo oportunista. Nelly Richard como los miembros de la Escena de Avanzada han venido monopolizando el discurso crítico y obturando su transformación en praxis. En la academia norteamericana, ese fracaso está eficazmente garantizado a través de la implementación de una cultura del miedo en donde un sistema académico ultra especializado y compartimentalizado custodiado por informantes nativos encumbrados, habiles en la estructuración de argumentos pero sin pensamiento original, amenaza a todo aquel que piense diferente con “te va a ser difícil encontrar trabajo”. Esto, en un contexto en el que la carta de recomendación hace o deshace carreras y forja una elite afín y narcisista, garante de la perpetuación de ese pseudo-progresismo neoliberal que se corroe hacia adentro mientras se enfiestan, halagandose los unos a los otros. Los métodos los he sufrido en carne propia y van desde: “con estos temas no te metas porque no vas a tener carrera” hasta “hemos recibido una denuncia anónima contra vos”. Lo que en el Norte Global ocurre es que un contexto privatizado, cercado y jurídicamente neutralizado atenta contra la libertad de expresión con la excusa de que las instituciones académicas pueden ser llevadas a juicio; en el Sur, ese sector universitario cuenta con el aparato estatal como modo de amedrentamiento a través de instrumentos Inquisitivos que replican lo peor de los autoritarismos del pasado reciente. 

Una de mis mejores amigas es una funcionaria en una de estas burocracias del Norte Global y me repetía como si se tratara de un mantra que, en honor a la verdad, se repite a si misma para convencerse de su evanescente relevancia que el enemigo no es la Carrera de Historia del Arte en Puan sino la derecha neoliberal que “avanza inexorablemente”. Pero para señalar a la derecha, no necesitamos a la academia. Hay algo infantil en tamaño lugar común. El hermetismo de cierto modo y ámbito de circulación de teoría es tal que parece estar más orientado a consolidar la identidad de la elite en cuestión como un grupo de orantes pertenecientes a una casta especializada que a difundir conocimiento. Es por esto que cuando, un intelectual norteamericano dijo que a loveartnotpeople lo veia como un intellectual commons, yo senti que ciertos objetivos habian sido logrados. Lo cierto es que desde la universidad tanto pública como privada se viene repitiendo lo obvio, una y otra vez y una pregunta a hacerse es cuál es la función de ese mantra. Lo primero que se me ocurre es el dictum Rancieriano que asegura cual dogma de fe que una invitacion a participar o, mejor dicho, la aparente erosion entre el escenario y el espectador se traduce necesariamente en una participacion real cuando, en honor a la verdad, los que participan son todos de la misma raza, clase social y, digamos, comparten la misma dignidad ética de “jovenes ofendidos” frente a los mismos dilemas sociales. En cualquier caso, continuar invirtiendo dinero público (en el Sur) o hipotecar literalmente el futuro mediante préstamos depositados como ofrendas en el neoliberal sistema académico (en el Norte) para terminar diciendole a una sociedad absorta que la culpa es del neoliberalismo ya no es suficiente: sobretodo cuando en el proceso se consagran heroínas que no hacen sino reforzar las estructuras de dominación de clase, etnia y del centro sobre la periferia por mas desde los márgenes que reclamen hablar. CONTINUARA

 

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