Tres pensadores del presente que han sido de gran influencia para mi son Silvia Rivera Cusicanqui, Pedro Lemebel y el Che de los Gays quienes insisten en no perder el tiempo senalando a la derecha como culpable sino en prestar atencion al lobo vestido de caperucita roja que se presenta como progresismo pero no es mas que una versión edulcorada de aquella para una clase media reaccionaria, temerosa y dispuesta a todo para no perder la idea que tiene de sí. Para ellos, el foco debería ponerse en aquellas instituciones que reclaman y ejercen de facto, el monopolio de la representación simbólicos de aquellos excluidos o menos favorecidos por el sistema. Son estos grupos de progresistas “iluminados” los que para citar a la liliputiense jefa del Suplemento Soy de Pagina 12, usurpan “luchas ajenas” a puro golpe de “abajismo”, reclamando para los encerrados claustros académicos una legitimidad que ya no tienen.

La maravillosa Silvia Rivera Cusicanqui

 

Andrea Giunta y Nelly Richard representan el blanco privilegio que, desde los noventas, ha venido haciendo usufructo de la academia como plataforma legitimante para “apropiarse de luchas ajenas” (queers, indigenas, pobres, marrones, por ejemplo) y transformarlas en mero discurso que promete un cambio real al tiempo que reclama una legitimidad que es funcional al neoliberalismo disfrazado de progresismo. La academia en las áreas de humanidades y estudios culturales se ha venido apropiando de esa prerrogativa idealista romantica Winckelmanniana segun la cual que hasta hace poco estaba socialmente reservada para el artista como impunes paladines de cierta verdad. Hoy, con la sociologización del arte se le han sumado los academicos. Las dos señoras en cuestion impostan su mala pronunciación, cual actrices, para crear identidad de gate keepers en una academia que favorece un tipo unico de pensamiento. Asi, por ejemplo, scholars latinoamericanistas queer e indigenas con boulots en universidades norteamericanas son empujados a sobreactuar los rasgos de su identidad y cultura generando un nuevo tipo de subalternidad que mas que militante es, a sueldo. Yo se que este texto es material para ser acusado de anti-intelectualista pero, lo que en realidad, este texto hace es apuntar hacia la emergencia de un nuevo tipo de manager que se apoya sobre el tipo de carrera de Giunta y Richard para enclaustrar aun mas al discurso critico y ser aun mas funcionar a un neoliberalismo camaleonico. Por eso creo que la ceremonia de entrega del Doctorado Honoris Causa a Nelly Richard estaba, desde el comienzo, manchada de una melancolía de la que no era consciente. Y no me refiero a esa melancolía productiva teorizada por Jane Franco y profanada como slogan por artistas achatantes de las luchas feministas que no están mas que al servicio del neoliberalismo más abyecto y del mercado de arte de ferias comerciales como es el caso de Mariela Sarfatti que ahora exhibe, donde si no que en el Malba.

El mercader de Venecia, Maria Scafatti

 

Pero vayamos a la ceremonia en la que, digámoslo sin pelos en la lengua, una Señora le entrega el Doctorado a la otra. Las transmisión en vivo comienza con una cortina sonora en loop en donde alguien se rie de manera idiota una y otra vez. Es una grabación preparada y no un micrófono abierto. Algo nos dice de entrada que en este melancólico loop no hay lugar para lo auténtico. Yo diría que en esta ceremonia de entrega del Honoris Causa hay cuatro momentos a los cuales quiero referirme brevemente. El primero es el discurso del Decano de la Facultad de Filosofia y Letras, Ricardo Manetti en el que los bordes de la elite académica son violentamente definidos a través de la economía del halago. Sin ir mas lejos, famosas censoras como Laura Malosetti Costa y Valeria Gonzalez son elogiadas a través de una bateria de paralelismos que Manetti hace entre sus supuestos méritos académicos y su detentación de cargos públicos, a dedo. Nunca nos olvidemos que estos cargos fueron firmados por la misma pluma que lleva adelante un ajuste dictaminado por el FMI -contra lo que Cristina pretende decir- y que ha designado un Ministro de Economía cuya principal tarea es la de favorecer a un grupo de empresarios mecenas, como Vila, Manzano o Werthein. Digo esto para, como diria, Richard, “situahhhr” el otorgamiento de este honor. Pero es en ese instante donde Manetti hace una gambeta retórica y se excusa al tiempo que se adjudica la creación del termino “trans feminismo”, reclamando para la facultad que dirige cierto liderazgo o, al menos, responsabilidad, en la democratización y declasizacoin del otrora aristocratizante feminismo. Sin embargo, solo basta mirar la escena para ver que los cargos jeraquicos pertenecen a los dos machos en el escenario: el y el rector, mientras que las hembras aplaudidoras estan relegadas a titulos que solo son posibles por delegación ion masculina como vicedecana subsecretaria y doctora honoris causae.

Es aqui donde uno, no puede obviar el poder, en ausencia de Cristina Kirchner en tanto repositorio cultural del pensamiento crítico del progresismo peronista argentino que, en la práctica, es lo opuesto al transfeminismo. Recordemos que Ricardo Manetti emerge de lo mas masculinizante y elitista del homosexualismo argentino con Claudio España y Oscar Barney Finn como principales exponentes y se hizo lugar por ser pareja del primero, de quien heredo la catedra.

Continuara con las palabras de Andrea Giunta

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HOST: Rodrigo Canete