Antes de ayer, Martes 6, Truss dio su primera conferencia de prensa y lo primero que dijo es que debe volverse a una idea de Gran Bretaña como país con metas, en el sentido de un país que sale al mundo en busca de oportunidades, socios y negocios. Hubo algo robótico en ella, sin embargo, durante su primera conferencia de prensa ya que su discurso no estuvo orientado a construir su propia identidad e imprimir un estilo de liderazgo diferenciado de su antecesor sino que buscó tranquilizar al inglés medio y a su partido repitiendo traumáticamente la palabra “deliver” que significa: “cumplir”. Podría decirse que lo que hizo fue enumerar una serie de productos objetivos como si fuera una lista que uno prepara antes de ir al mercado. Algo de lista neoliberal en el bullet point…

En su discurso inicial dijo que sus tres prioridades son bajar los impuestos, resolver el dilema del sistema público universal de salud y el costo de la energía (luz y fundamentalmente gas) para las familias y el ciudadano común que hoy puede pagarlas. La pregunta es cómo va a lograrlo en un contexto económico por demás negativo. 

Pero vamos por partes, porque cuando se refirió al problema energético, no se refirió a mejorar el bolsillo de las familias que están sufriendo esos costos sino a reemplazar las fuentes de energía tradicionales por nuevas tecnologías. Cuando hablamos de Liz Truss no estamos hablando de energía eólica sino de fracking. Esto quiere decir que el problema no es importar gas de Rusia ni asegurar las vías de importación a través de pipes desde el norte sino de  fracking. Sin embargo este objetivo parece un tanto impráctico al menos electoralmente y es tal vez por eso que la energía aparece en segundo lugar. El recorte de impuestos lo que aparece primero.

Una de las cosas qué sorprendieron, no obstante esto, de su discurso inicial fue su decisión de limpiar el gabinete y la segundas y terceras líneas para no dejar gente de Boris Johnson de ella. Es como si la diferencia entre su mandato y el de sus predecesores fuera que ella no tiene margen de tiempo para poder hacer ajustes graduales sino que tiene  que imprimir un sentido rápido y directo a su gestión. Lo que resulta a todas luces evidente es su incapacidad para comunicar ideas con un muy bajo nivel de inteligencia emocional. Lo unico que realmente le interesa es la opinion del vitante conservador de clase media. Políticamente es profundamente pragmática.

Ideológicamente sin embargo este pragmatismo se frena frente a un Thatcherismo militante. Y podría decirse que una de las ventajas que ha tenido, a pesar de haber participado en varios gabinetes, por ejemplo, el de Teresa May  o Boris Johnson, es que nunca tuvo puestos claves ni de responsabilidad en los fuera evaluada. Sus cargos no fueron mucho mas que Secretaria de Comercio por ejemplo. Dicho de otro modo nunca tuvo que estar en el podio de conferencias de prensa fuera de Downing Street respondiendo preguntas que la pusieran incómoda.

Asimismo, nunca estuvo asociada con la pandemia o el “lockdown”, ni tuvo que enfrentarse con nadie, en particular, y esto la hizo muy popular con los miembros del partido conservador como alguien que no trae problemas a diferencia de otros.

Uno de sus profesores en Oxford, donde estudió un curso que es una suerte de mezcla de filosofía, ciencia política y administración, contaba como se hacía notar diciendo lo que otros no se animan a decir. Esto es bueno y malo porque por un lado demuestra a a alguien que se sale de la ortodoxia. La pregunta es, sin embargo, si se sale de la ortodoxia para imponer un argumento o para escaparse de los hechos de la realidad.

Otra de las cosas que la caracterizan es su excentricidad pero no es excentricidad en el sentido de Boris Johnson sino algo parecido a la torpeza en sus discursos, comunicando ideasde manera torpe. Es como si uno la escuchara y no supiera  como va a terminar